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Henri Cartier-Bresson, el ojo el siglo XX.

Henri Cartier-Bresson (1908–2004) es considerado uno de los padres del fotoperiodismo moderno y una figura fundamental en la historia de la fotografía. Nacido en Chanteloup-en-Brie, Francia, Cartier-Bresson comenzó su formación artística como pintor, influenciado por el surrealismo. Sin embargo, fue en la fotografía donde encontró su medio de expresión definitivo.

En 1932, tras adquirir una cámara Leica, marca que le acompañaría durante toda su carrera, empezó a capturar escenas cotidianas con un enfoque revolucionario: discreto, ágil y característicamente humano. Cartier-Bresson fue un maestro del instante decisivo, ese momento fugaz y perfecto en el que se alinean la composición y el movimiento. Para él la fotografía era una forma de atrapar la vida en su estado más puro, sin artificios ni poses.

En 1940 fue prisionero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Capturado por los nazis pasó casi tres años en un campo de prisioneros. Escapó en su tercer intento y luego se unió a la resistencia francesa.

Fue cofundador de la agencia Magnum Photos en 1947 junto a otros grandes fotógrafos como Robert Capa y David Seymour. A través de Magnum documentó algunos de los eventos más importantes del siglo XX como la Guerra Civil Española, la liberación de París en la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Gandhi o la China comunista en sus inicios, entre otros.

A pesar de su impacto como reportero gráfico, Cartier-Bresson siempre se consideró un artista. Nunca recortaba sus fotos: creía en la precisión del encuadre en el momento de disparar. Su legado no solo reside en su obra, sino también en su filosofía: observar con paciencia, respetar el motivo y esperar ese instante decisivo.

En la década de 1970 dejó la fotografía casi por completo para dedicarse nuevamente al dibujo y la pintura, su primera pasión. Consideraba que ya había dicho todo lo que quería con la cámara.